Transformada

Luz del sol entre las copas de los árboles

Caminando con Jesús

Por · 5 min de lectura

“Que aprenda a reconocer cuándo debo luchar contra la resistencia y cuándo debo disminuir el paso con humildad y sabiduría.”

Esta breve pero poderosa oración captó rápidamente mi atención. Siempre conocida como una chica callada, sonreí para mis adentros y me pregunté cómo también seguían llamándome “terca, rebelde y obstinada”.

Debo admitir que esas palabras no me las decían como cumplidos. Más bien, se referían a características que necesitaban cambiarse o domarse. En la escuela secundaria, esas “cualidades” solían meterme en problemas.

Recuerdo vívidamente una ocasión en que una estudiante internacional de mi clase fue acosada por no hablar inglés. Todavía puedo ver su rostro lleno de terror mientras se quedó paralizada, sin saber qué hacer ante las palabras crueles que le lanzaban. Sentí que la sangre me subía a la cabeza y que mi mente adolescente entraba en acción. Me puse delante de ella, cara a cara con quien la acosaba. Sería bonito poder decir que mi defensa fue controlada, pero no lo fue. Me suspendieron.

Con el paso de los años, experimenté más de la vida y maduré. Con humildad, descubrí que había sido llamada al ministerio. Siempre me he sentido atraída a ayudar a quienes sufren, a los quebrantados y a quienes nadie defiende. Sin embargo, vivía preguntándome: “¿Cómo podría ser un pilar para la humanidad si lastimo a la humanidad con mis debilidades?”

Reflexionaba y oraba a Dios acerca de mi llamado. ¿Era real? ¿Podía ser real? Le pedía a Dios que usara mis fortalezas y talentos, y le rogaba que encontrara la manera de usar mis debilidades para su gloria. Un día especial, las palabras “terca, rebelde y obstinada” llegaron a mi mente. Fue la primera vez que pude ver esas palabras, que tantas veces me habían avergonzado, como cualidades que podían fortalecerme para la misión de Dios.

Altas palmeras que se elevan hacia el cielo azul

Comprendí que Dios transformó mi terquedad en disciplina, mi rebeldía en fidelidad a la verdad y mi obstinación en perseverancia para cumplir su propósito.

A pesar de sentir algunas veces que mi vida se desmoronaba, descubrí que me aferraba a las promesas de Dios con esas mismas características.

Mi oración hoy es que te aferres a las palabras de Miqueas 6:8 con cada fibra de tu ser.

“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios.”

Miqueas 6:8, NVI

Así como un barco y su ancla trabajan juntos para lograr un viaje seguro, que yo pueda discernir cuándo echar el ancla para brindar seguridad a quienes me rodean y ser una plataforma estable desde la cual otros recuperen fuerzas en Dios. Y, por otro lado, que sepa cuándo navegar las olas, llena de compasión y amor hacia la humanidad. ¡Amén!

Publicación original en La Sierra University Church

Conéctate con Lady Ro